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Lo que debes saber sobre las fake news

Siempre han existido las noticias falsas. Joseph Goebbels, las definió como “una mentira repetida mil veces que se convierte en verdad”. En Grecia le llamaban “realidades alternativas o postverdad”. Antes de la aparición de las redes sociales las llamábamos “chismes” y quedaban en nuestra comunidad local,  pero hoy toman mayor importancia por la rapidez con que la se comparten en la red.

Un fake news puede ser 100% falsa o contener trazos de verdad, lo que la hace más difícil de definir. A veces incluso,  tomamos por mentiras las opiniones con las que no estamos de acuerdo.

Hacer una noticia falsa es algo relativamente simple, considerando que existen aplicaciones como www.12minutos.com que permiten crear rumores y hacerlas virales en las redes sociales. Es sencillo creer en ellas si te llega referida por alguien que conoces y en quien confías. Un estudio sobre el impacto de las fake news en España, reveló que el 86% de los usuarios de internet, no distingue una noticia falsa de una verdadera. Lo interesante es que el 60% declara que sí lo hace, pero al someterlo a algunas pruebas, el 86% no lo logra. Impresiona además, que el 4% de los encuestados, reconoce haber inventado una noticia falsa y el 50% reconoce haberlas compartido.

Entendemos que las redes sociales ya no son meras plataformas que unen personas, sino que son medios de comunicación; es importante entender cómo funcionan y de qué manera las personas pueden ser víctimas de sus contenidos intencionalmente sesgados o tendenciosos. La información falsa está diseñada para manipular tus emociones, infundir temor y persuadirte  para que la compartas. 

Buena parte de los contenidos digitales que recibimos, no están jerarquizados por su veracidad o impacto en la sociedad, sino, por el algoritmo web que decide por nosotros lo que queremos leer. En la medida que entendemos cómo funcionan el mundo digital, es probable que nuestro pensamiento sea más crítico frente a la información digital que recibimos.  En los 30 segundos que dedicamos a ver una noticia, no logramos una opinión certera ni menos, entendemos si estamos compartiendo algo que puede perjudicar a otros; pero, realmente, no nos importa porque ni si quiera lo pensamos. Te invitamos a darle un nuevo valor a tus likes y a ser más exigente con la calidad de los contenidos que compartes. 

Contra la epidemia de la desinformación, la vacuna está en la educación pero el remedio es el espíritu crítico.

7 características de internet y las redes sociales que todo usuario debe conocer

Por: Soledad Garcés, directora de Fundación para la Convivencia Digital. 

Internet es una herramienta de uso cotidiano. Sin embargo, en muchos casos los usuarios desconocen las características básicas de su funcionamiento. Saber cómo funciona y cuáles son sus principales características, es fundamental a la hora educar a niños y jóvenes en el uso responsable, ético y seguro de las tecnologías.

1.- Todo se paga en internet

Contrario a lo que pudiéramos pensar, no hay nada gratis en la web. En la realidad, la moneda de pago son los datos personales de cada usuario y la data que se extraiga de sus conductas online (horarios de conexión, lugar, contactos, etc.). La información de los perfiles, intereses, gustos, hábitos de consumo, entre otros, es información que, consciente o inconscientemente, se va dejando en la web y es recabada con fines comerciales, económicos, políticos o de seguridad. Los servicios webs se financian, en su mayoría, con la publicidad que se ofrece de manera directa y personalizada a cada usuario según su edad, intereses, necesidades y contexto.

Ahora bien, si una web es gratis, este sitio tendrá más visitas y, por lo tanto, obtendrá mayor información de los usuarios, la que podrá ofrecer a las empresas para lograr más ingresos por publicidad. En la sociedad actual, la información es sinónimo de poder y el que posee más información, tiene mejores oportunidades de negocios.

2.- No todo en internet es bueno ni siempre es verdad

Cada vez son más las personas que usan internet para buscar información, hacer negocios, aprender, entretenerse y comunicarse. Sin embargo, en la web hay disponible todo tipo de contenidos. No es sencillo distinguir qué es bueno y qué es malo en internet. Debemos tener presente que cualquier persona puede publicar contenidos sin ser experto. Hoy existen cientos de herramientas para editar sitios web y blogs y son muy sencillas de utilizar. Las webs confiables siempre exponen sus fuentes bibliográficas desde donde toman la información base que utilizan para sus publicaciones. Además, ponen a disposición de los usuarios las referencias de sus autores, citando debidamente las ideas escritas con el fin de ofrecer credibilidad a sus lectores. Un usuario responsable debe siempre contrastar la información que encuentra en la web con otras fuentes bibliográficas, adoptando una posición crítica frente a lo que lee ya que no todo lo que hay online está validado por expertos, ni mucho menos tiene la calidad esperada.

3.- Los datos que se comparten en internet no se borran de la web

Internet se ha convertido en una inmensa base de datos y el problema es que no siempre sabemos qué ocurre con la información disponible sobre los usuarios. Desconocemos cuánto tiempo quedarán esos datos en la web, qué uso se puede hacer de ellos o quiénes tienen acceso a utilizarlos. Internet y, en particular, las redes sociales se han transformado en una inmensa memoria colectiva (ajena a sus protagonistas), que crece sin mayor control por parte de los usuarios. Es imposible controlar el flujo de información que circula por la web.

Los usuarios deben tener presente que será casi imposible dar de baja en un 100 por ciento la información que se ha compartido en la web, ya sean fotos, videos, ideas o documentos. Si alguien copia o envía a otros usuarios por correo electrónico la información publicada, o simplemente la guarda en su computadora, ya se pierde el control sobre ese contenido. Por otra parte, al abrir una cuenta en una red social, se autoriza a la empresa (sea Facebook, Instagram u otra red social) a darles diferentes usos a los datos personales que se publican y que se irán recopilando a lo largo del tiempo en que se use la cuenta. Las empresas de servicios webs explicitan el tratamiento de datos personales de los usuarios en sus políticas de privacidad y condiciones de uso del servicio, pero pocas veces los usuarios leen esto con atención antes de abrir la cuenta.

4.- Las acciones que se realizan en el mundo virtual pueden tener consecuencias en el mundo real

Algunas personas no dimensionan las consecuencias de sus actos en el mundo virtual. Todas las acciones que en la vida real tienen carácter de ilegales, en el mundo virtual también lo tienen. Por ejemplo: si se hurta un producto de una tienda de dulces, se está cometiendo un delito, al igual que cuando se descarga música desde internet utilizando sitios ilegales. Es importante que los usuarios conozcan las leyes que rigen también en el mundo virtual.

En Chile existe, por ejemplo, la ley Nº 20.536 sobre violencia escolar o bullying, que considera sanciones a diferentes tipos de acoso cibernético. A su vez, la ley 17.336, sobre propiedad intelectual, es la norma que regula los derechos de autor. Esta ley busca evitar que contenidos digitales se copien desde internet sin regulación.

5.- Nadie controla internet

Efectivamente esto es así. Servicios webs como redes sociales o sitios de empresas, proponen sus políticas de privacidad y condiciones de uso, pero no existe un organismo de carácter mundial que regule, norme y controle el crecimiento de internet, las conductas de sus usuarios y la calidad de los contenidos que se presentan en la web.

Existen, en diferentes países, oficinas gubernamentales a cargo de regular algunos aspectos de internet como, por ejemplo, la inscripción de las direcciones web. En Chile, este trabajo lo realiza la empresa NIC Chile vinculada a la Universidad de Chile. Otro ejemplo es el World Wide Web Consortium, abreviado W3C. Este consorcio internacional da recomendaciones para el uso y crecimiento de internet, a modo de sugerencias generales, pero no tiene capacidad de promover leyes para todo el mundo. En definitiva, la internet no está siendo controlada de manera global por ningún organismo particular, por lo que es importante tener presente que es difícil para un usuario solucionar problemas en el mundo virtual, ya que generalmente los servicios web utilizados provienen de otros países y cada uno se rige por las leyes locales.

6.- Internet no tiene dueño

Efectivamente es así. Internet es descentralizada y no tiene dueño. Al ser una gran “red de redes” no existe posibilidad de tener un dueño general o un controlador global. Cada usuario es dueño de sus equipos, cableados y módems. Los accionistas y dueños de redes sociales o servicios web, como Facebook o Instagram, son propietarios de estas empresas. Sin embargo, nadie puede ser dueño de toda la internet. Este punto es importante, porque los usuarios deben saber que es complejo buscar ayuda o ejercer un reclamo en caso de ser acosado o amedrentado a través de internet. Si bien hay leyes que regulan y sancionan muchas de las acciones negativas que los usuarios cometen en la web, la conexión entre países, los tiempos judiciales entre diferentes estados y la enorme cantidad de usuarios de internet, hacen que cada vez sea más difícil controlar.

7.- Cualquier persona puede usar internet

A internet puede acceder cualquier persona que tenga un equipo y conexión. Esta realidad le da un gran valor a internet, ya que la convierte en un espacio diverso y heterogéneo. Es entonces necesario educar a los usuarios en el respeto hacia todas las personas que participan de la web, dándole un uso positivo y responsable, y cuidando tanto su huella digital como la de los demás.

Claves de autocuidado para navegar en internet cuando se es menor de 13 años:

¿Cómo educar en el autocuidado?

Muchas veces se tiende a creer que los ya conocidos “nativos digitales”, nacidos en contacto con la tecnología, tienen la formación y conocimientos sobre seguridad, ética y uso responsable de internet: esa mirada errada de los adultos es la que los deja en una situación vulnerable frente a los peligros de internet. ¿Cómo van a saber usar la web si no se les ha formado? La gran mayoría de las herramientas digitales disponibles en internet son diseñadas para aprender a usarlas de manera intuitiva, sencilla y rápida. Pese a que todas las redes sociales más usadas explicitan sus reglas y condiciones de uso, pocos usuarios las han revisado al momento de abrir una cuenta. Teniendo además presente que todo lo que se hace en internet tendrá repercusiones para toda la vida, es importante que los usuarios desde pequeños aprendan a darle un buen uso, cuidar su identidad digital y reputación online. Ambos conceptos tienen relación con lo que se dice y se publica de cada persona en la web. Las siguientes recomendaciones son claves para educar a niños y jóvenes en el buen uso de la internet.

Se sugiere promover un espacio de conversación con ellos para abordar estas recomendaciones y contextualizarlas según sea la realidad de cada grupo.

Claves para navegar seguro por internet:

  • Cuidar los datos personales y la privacidad, tanto propia como ajena, evitando compartir en la web información, fotos y videos sin pensar en las consecuencias que esto podría acarrear.
  • Rechazar los correos spam y pop ups inesperados, ya que muchos de ellos pueden ser ofertas engañosas.
  • Generar confianza es clave. Es importante pedirles a los niños que les cuenten para qué usan habitualmente internet.
  • Nunca deben planificar reunirse con alguien desconocido a través de internet, ya que no se puede saber la verdadera identidad e intenciones de esa persona.
  • Si a sus hijos o alumnos los molestan, agreden o acosan a través de internet, es importante que sepan pedirles ayuda y bloquear a quien realiza estas acciones.
  • No creer a ciegas en concursos, premios y regalos ofrecidos en la web. Es recomendable revisar las políticas y condiciones de uso de las promociones antes de participar en ellas.
  • Pensar antes de entregar una dirección de e-mail. Solo debe compartirse con amigos y familiares de confianza. Tampoco es recomendable dar los correos de amigos sin la autorización previa de ellos.
  • Crear una dirección de e-mail con autorización y ayuda de un adulto, porque ellos son los responsables de enseñar a usar esta herramienta cuando se tenga la edad necesaria. Si se requiere antes, puede ofrecer una cuenta familiar que se destine para el uso de los menores de la casa.
  • Mantener en secreto las claves de acceso y cambiarlas periodicamente.
  • Alguien desconocido no es amiga o amigo. Enseñe a sus hijos y alumnos a valorar a los amigos verdaderos, porque en internet no todos son quienes dicen ser.

Normas familiares en la era digital: El equilibrio entre conectarse y segregarse

En la mayoría de los veladores de las casas hoy descansa, cada noche, un celular. Sea prendido o apagado, cargándose o haciendo patria, en silencio. O quizás, varios: hay padres que los requisan a cierta hora para revisarlos. Estar conectados no es un privilegio: el 70% de los niños menores de 9 años declara tener un teléfono propio, de acuerdo al Censo Digital VTR 2019, y el 82% reconoce que lo lleva a clases, según un estudio de la Universidad de los Andes. Guste o no, los smartphones son pequeñas extensiones que nos acompañan por la vida. El punto está en cómo, dónde, cuándo y cuánto uso permitimos que les den los niños y adolescentes.

Varinia Signorelli, psicóloga infantil y creadora del blog supermadre.net, cree que es mejor reconocer que la tecnología está presente. “Da la impresión que verlo como algo natural es mejor que satanizarlo, prohibirlo o restringirlo al 100%, porque lo que nosotros queremos es que nuestros hijos aprendan a usar los dispositivos de manera segura y que eso no merme su desarrollo ni les genere problemas en su vida. Ver la tecnología como una herramienta más ayuda a hablar de ella y no mirarla con distancia y anhelo. Esa es la base de la conversación a la hora de crear las normas familiares sobre el uso de la tecnología”.

¿Existe en cada casa una especie de “mandamientos” sobre la conducta que tenemos con nuestros teléfonos? Los expertos consultados dicen que sí: en algunos casos, se ha formalizado un acuerdo y, en otros, son reglas aceptadas por todos.

María Soledad Garcés, profesora especializada en Convivencia Digital y asesora de Contenidos de VTR, explica: “Es importante que los niños aprendan a darles un buen uso a las tecnologías, ya que existen innumerables beneficios que pueden ser aprovechados, siempre y cuando sean adecuados para la edad y etapa de desarrollo de cada uno. Recomiendo conversar con ellos para saber de qué manera comprenden todo lo que ven y escuchan en la web, asegurándonos de que sean contenidos valiosos, que les dejen algún tipo de enseñanza. Es muy importante realizar preguntas sobre lo que están viendo en internet o a través de videojuegos, pues les ayudará a equilibrar sus emociones y experiencias personales. También resulta relevante respetar la edad mínima para usar redes sociales (13 años) y acompañarlos en la creación de sus perfiles, conversando con ellos sobre los contenidos que consumen y cargan en sus páginas personales”.

Para crear esas normas familiares, la base es la conversación. Andrés Muñoz, consultor sénior en Ciberseguridad de ITQ Latam, plantea que “la mejor manera es entender qué aporta la tecnología a la familia y poner límites claros de cuál es el uso que tendrá en nuestros hijos diariamente, ya que lo que no puede suceder es que la tecnología se tome y controle los momentos que deberían ser para fortalecer la familia y sus lazos”. Si bien hay informativos al respecto, estos no son suficientes, asegura Muñoz. “La mejor campaña y la más efectiva es la que viene de la casa, por eso es muy importante que los padres se eduquen, sepan cómo enseñarles a sus hijos el uso responsable y sepan poner los controles correspondientes para limitar este uso, porque lo importante es buscar un equilibrio. Por estar siempre conectados, no podemos perder los momentos en familia, donde nos miramos a las caras y conversamos sobre nuestro día a día o cómo nos sentimos. Cuando se pierde ese control, las familias como tal dejan de existir, se deja de compartir”, advierte.

Huérfanos digitales: prohibir no es educar

Tras 12 años recorriendo Chile para dar charlas sobre este tema, Marcela Momberg, consultora en educación 2.0, ha llegado a la conclusión de que estamos criando huérfanos digitales. “Mi lema es y será ‘Prohibir no es educar’, pero eso no significa no regular. Al tener a menores de edad conectados durante el almuerzo o la cena, cuando salen junto a sus padres, eso les impide manejar su frustración y aburrirse —tan necesario a la hora de crear—, los hace dependientes de un aparato que los motiva y los mantiene ‘callados’. Esos niños hiperconectados desde los primeros años sufren en el ingreso al colegio, les cuesta relacionarse con sus pares, suelen aislarse y esconderse en las pantallas. Con bajo manejo de sus emociones y mínimo trabajo en equipo. La tecnología no es ‘el enemigo’, sino es la soledad en la que se encuentran nuestros niños, verdaderos huérfanos digitales que invaden los espacios virtuales sin acompañamiento ni formación”.

Por eso es importante aprender del tema. Verónica Díaz de la Vega, subgerenta de Comunicaciones y Sostenibilidad de VTR, señala: “En el sitio vtrconvivedigital.com los padres y profesores podrán encontrar diversos contenidos que los orientarán para que puedan enseñarles a los niños y adolescentes de qué manera obtener los mayores beneficios de las tecnologías en un entorno familiar”.

María Soledad Garcés recuerda lo importante que es dar una visión propositiva de la tecnología a nuestros hijos, incluso en los colegios. “El camino debería ser desarrollar competencias digitales, de manera que los mensajes, contenidos y actividades que los escolares puedan desarrollar en el aula estén dirigidos por docentes capacitados, que cuenten con los medios necesarios para hacer que esta experiencia sea provechosa. Si en este camino los estudiantes son guiados por adultos que conocen la manera en que la tecnología puede aportar en la educación, entonces la conectividad en las salas de clase, jugará un rol positivo y enriquecedor”.

Fuente: Seguridad Digital, El Mercurio.

Alejarte de tu celular podría ayudarte a vivir más

Al igual que sucede con muchas personas, tal vez has decidido que quieres pasar menos tiempo mirando tu celular.

Es una buena idea, porque un creciente cuerpo de investigación indica que el tiempo que pasamos en nuestros teléfonos móviles interfiere con nuestro sueño, autoestima, relaciones, memoria, capacidad de retención, creatividad y productividad, así como habilidades para resolver problemas y tomar decisiones.

No obstante, existe otra razón para que reconsideremos nuestras relaciones con nuestros dispositivos. Debido a que elevan de manera crónica los niveles de cortisol, la principal hormona del estrés de nuestro organismo, nuestros teléfonos podrían amenazar nuestra salud y acortar nuestra vida.

Hasta ahora, la mayoría de las discusiones sobre los efectos bioquímicos de los celulares se han enfocado en la dopamina, un químico cerebral que nos ayuda a crear hábitos —y adicciones—. Como máquinas tragamonedas, los celulares y las aplicaciones están explícitamente diseñadas para detonar la liberación de dopamina, con el objetivo de hacer que sea difícil dejar de usarlos.

Esta manipulación de nuestros sistemas de dopamina es el motivo por el que muchos expertos creen que estamos desarrollando adicciones de comportamiento con nuestros teléfonos. Sin embargo, los efectos de nuestros móviles en el cortisol son incluso potencialmente más alarmantes.

El cortisol es nuestra hormona primaria de reacción de lucha o huida. Su liberación genera cambios fisiológicos tales como aumentos repentinos en la presión arterial, la frecuencia cardiaca y el azúcar en la sangre, que nos ayudan a reaccionar y sobrevivir amenazas físicas graves.

Estos efectos pueden salvar nuestra vida si realmente estás en peligro físico —digamos, por ejemplo, si un toro está a punto de embestirte—. Sin embargo, nuestros cuerpos también liberan cortisol en respuesta a generadores de estrés emocional en los que el aumento de la frecuencia no nos será de gran beneficio, como revisar tu celular para encontrar un correo electrónico que tu jefe te escribió cuando estaba enojado.

Cuatro horas al día

Si ocurre solo ocasionalmente, el incremento repentino de cortisol inducido por el teléfono podría no ser importantes. Sin embargo, el estadounidense promedio pasa cuatro horas al día mirando su móvil y lo mantiene al alcance de la mano casi todo el tiempo, de acuerdo con una aplicación de monitoreo de actividad llamada Moment. El resultado, como Google ha destacado en un informe, es que “los dispositivos móviles cargados con redes sociales, correo electrónico y aplicaciones informativas” crean “una sensación constante de obligación, lo que genera estrés personal no intencional”.

“Tus niveles de cortisol están elevados cuando tu celular está a la vista o cerca, o cuando lo escuchas o incluso piensas que lo escuchas”, dijo David Greenfield, profesor de Psiquiatría Clínica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Connecticut y fundador del Centro para la Adicción al Internet y la Tecnología. “Es una respuesta al estrés, y se siente poco placentera, y la respuesta natural del cuerpo es querer revisar el teléfono para hacer que se vaya el estrés”.

No obstante, aunque hacerlo te podría calmar por un segundo, probablemente empeorará las cosas a largo plazo. En cualquier momento que revisas tu teléfono, es probable que encuentres otra cosa estresante que te espera, lo que conduce a otro aumento repentino de cortisol y otro deseo de revisar tu celular para hacer que la ansiedad se vaya. Este ciclo, cuando es reforzado de manera constante, conduce a niveles de cortisol elevados crónicamente.

Y los niveles de cortisol elevados crónicamente han sido relacionados con un mayor riesgo de problemas de salud graves, incluidos depresión, obesidad, síndrome metabólico, diabetes tipo 2, problemas de fertilidad, hipertensión arterial, demencia e infartos cerebrales.

“Cada enfermedad crónica que conocemos es exacerbada por el estrés”, dijo Robert Lustig, profesor emérito de Endocrinología Pediátrica en la Universidad de California, campus San Francisco, y autor de The Hacking of the American Mind. “Y nuestros teléfonos están totalmente contribuyendo con esto”.

Estrés por el celular

Además de los efectos a la salud potenciales a largo plazo, el estrés inducido por los celulares nos afecta en formas más inmediatas.

Niveles elevados de cortisol afectan a la corteza prefrontal, un área del cerebro crítica para la toma de decisiones y el pensamiento racional. “La corteza prefrontal es el Pepe Grillo del cerebro”, dijo Lustig. “Evita que hagamos cosas estúpidas”.

La afectación de la corteza prefrontal hace decrecer el autocontrol. Cuando se une a un deseo poderoso de mitigar nuestra ansiedad, esto puede llevarnos a hacer cosas que en el momento podrían parecer que alivian el estrés pero que son potencialmente fatales, como escribir un mensaje mientras manejamos.

Los efectos del estrés pueden ser amplificados aún más si constantemente nos preocupa que algo malo pueda pasarnos, ya sea un ataque físico o un comentario en las redes sociales que provoque nuestra ira. (En el caso de los teléfonos, este estado de hipervigilancia a veces se manifiesta como “vibraciones fantasmas“, en las que las personas sienten que su celular vibra en su bolsillo cuando el móvil ni siquiera está ahí).

“Todo lo que hacemos, todo lo que experimentamos, puede influir nuestra fisiología y cambiar circuitos en nuestro cerebro de maneras que nos pueden hacer más o menos reactivos al estrés”, dice Bruce McEwen, director del Laboratorio de Neuroendocrinología Harold and Margaret Milliken Hatch en la Universidad Rockefeller.

McEwen también señala que nuestros niveles base de cortisol decaen y fluyen en un ciclo regular de veinticuatro horas que se descontrola si dormimos menos de siete u ocho horas por noche, lo cual es muy sencillo de lograr si tienes el hábito de revisar tu teléfono antes de ir a la cama. Esto, en cambio, deja a nuestros cuerpos menos resilientes al estrés e incrementa nuestro riesgo de todas las condiciones de salud relacionadas con el estrés que fueron mencionadas anteriormente.

Piensa en todo esto, y las horas que pasamos compulsivamente revisando nuestros móviles podrían significar mucho más que solo una pérdida de tiempo.

Rompiendo el ciclo

La buena noticia es que si rompemos este ciclo fomentado por la ansiedad, podemos reducir nuestros niveles de cortisol, lo que puede tanto mejorar nuestro juicio a corto plazo como bajar nuestro riesgo a largo plazo de problemas de salud relacionados con el estrés. Con el paso del tiempo, dice McEwen, incluso es posible volver a entrenar a nuestros cerebros para que nuestras respuestas al estrés, para comenzar, ya no sean tan fáciles de detonar.

Para hacer tu teléfono menos estresante, comienza con apagar todas las notificaciones excepto aquellas que realmente quieres recibir.

Posteriormente, pon atención a cómo cada aplicación te hace sentir cuando la usas. ¿Cuál revisas cuando estás ansioso? ¿Cuál te deja con una sensación de estrés? Esconde esas aplicaciones en una carpeta que no esté en tu pantalla principal. O, mejor aún, bórralas durante unos días y ve cómo te sientes.

Al mismo tiempo, también empieza a prestar atención a cómo cada aplicación te afecta físicamente. “Si no estamos conscientes de nuestras sensaciones físicas, no cambiaremos nuestros comportamientos”, dijo Judson Brewer, director de investigación e innovación en el Mindfulness Center de la Universidad de Brown y autor de The Craving Mind. De acuerdo con Brewer, el estrés y la ansiedad a menudo se manifiestan como una sensación de contracción en el pecho.

Descansos regulares también pueden ser una manera efectiva de devolver el equilibrio a la química de tu cuerpo y recuperar tu sensación de control. Un “sabbat digital” de veinticuatro horas puede ser sorprendentemente relajante (una vez que la contracción inicial ceda), pero incluso solamente el dejar tu teléfono a un lado cuando vayas a almorzar es un paso en la dirección correcta.

Además, intenta darte cuenta cómo se sienten en tu cerebro y en tu cuerpo las ansias de tomar tu teléfono inducidas por la ansiedad —sin rendirte inmediatamente ante ellas—. “Si practicas darte cuenta que sucede dentro de ti, te darás cuenta que puedes elegir cómo responder”, dijo Jack Kornfield, un maestro budista en el Spirit Rock Meditation Center en California. “No tenemos que estar a merced de algoritmos que promueven el miedo de perdernos de algo”.

Desafortunadamente, no es tan fácil crear límites saludables con dispositivos que están deliberadamente diseñados para desalentarlos. Sin embargo, reducir nuestros niveles de estrés no solo nos hará sentir mejor en el día a día, también podría realmente alargar nuestra vida.

Fuente: The New York Times en Español

El abuso de redes sociales aumenta los casos de depresión entre jóvenes

Tanto en estas redes como en la televisión se tiende a mostrar una imagen distorsionada de la realidad que afecta a la autoestima.

La inmensa mayoría de los jóvenes considera las redes sociales como Facebook o Instagram una necesidad. Son las aplicaciones a las que dedican la mayor parte del tiempo que pasan conectados a los largo del día y una herramienta sin la cual resulta difícil mantener el contacto con amigos y familiares.

Pero estas redes parecen ser también las responsables del aumento de los casos de depresión en ese mismo segmento de la población. Un reciente estudio llevado a cabo por el hospital universitario Sainte-Justine de Montreal, en Canadá, ha revelado una conexión entre el tiempo que los jóvenes y adolescentes pasan en la redes sociales o viendo la televisión y el aumento de estos síntomas de depresión.

El estudio, publicado esta semana en la revista JAMA Pediatrics, parece apuntar que los jóvenes que pasan más tiempo que la media viendo televisión o interactuando en redes sociales muestran también una incidencia mayor de la media de síntomas de depresión.

Esta relación no se aprecia en otras actividades que se realizan a través de los mismos medios, como los videojuegos o el uso del ordenador para otras funciones. Es decir, que pasar más tiempo que la media jugando en el móvil, la consola o el ordenador no parece variar la incidencia de depresión como sí lo hacen las redes sociales. Lo síntomas tampoco están ligados a una menor actividad física, según el estudio.

La clave, apuntan los autores, parece estar en la forma en la que se percibe a otros participantes en estas redes y explica por qué el consumo de la televisión también crea la misma tendencia. Tanto en estas redes como en la televisión se tiende a mostrar una imagen distorsionada de la realidad que realza únicamente los buenos momentos o celebra estilos de vida lujosos que están fuera del alcance de la mayoría de los jóvenes.

La exposición constante a estos estereotipos afecta negativamente a la autoestima de los usuarios. “Las redes sociales y la televisión son medios que exponen con frecuencia a los adolescentes a imágenes de otros en situaciones más prósperas, como otros adolescentes con cuerpos perfectos y un estilo de vida más emocionante o con más medios materiales”, apunta Elroy Boers, autor del estudio.

La forma en la que funcionan los algoritmos que sugieren contenidos retroalimenta esta situación. Cuanto más influye el estado depresivo de una persona la elección de lo que ve en ellas, más contenido similar se sugiere y proporciona, y más probable será que esté continuamente expuesto a dicho contenido, manteniendo y aumentando los síntomas de la depresión.

El estudio se ha realizado sobre una muestra de 4.000 adolescentes canadienses de entre 12 y 16 años y podría ayudar a desarrollar técnicas que ayuden a prever casos de depresión antes de que se conviertan en casos severos. “Nuestra investigación ha revelado que el uso excesivo de ciertos medios digitales en un año puede asociarse a síntomas depresivos en ese mismo año, lo que puede dar a padres y educadores una ventana de tiempo suficiente para actuar”, explica Boers.

Fuente: El Mundo, España

Anne Collier, experta en ciberacoso: “Los padres tienen que aprender sobre cómo sus hijos usan la tecnología”

Queremos compartir esta interesante entrevista de Anne Collier, quien fue asesora de seguridad para el gobierno de Barack Obama y de algunas redes sociales, lleva más de 20 años estudiando la relación de los jóvenes con el mundo digital. En su visita a Chile en mayo de este año, aconsejó a los padres y educadores sobre el gran desafío que tienen actualmente: guiar a los adolescentes acerca del uso seguro y responsable de las tecnologías.

Revisa el video en el siguiente link: Entrevista de Anne Collier

Fuente: Entrevista de Macarena Pizarro, CNN Chile.

Soledad Garcés estuvo en el programa “¿Qué nos está pasando?” de Radio Agricultura

Soledad Garcés, directora de Fundación para la Convivencia Digital, estuvo en el programa “¿Qué nos está pasando?” de Radio Agricultura para hablar sobre cómo afecta a los niños y jóvenes que ven en las redes sociales e internet contenido violento relacionado al estallido social que vive nuestro país, desde el pasado 18 de octubre.

Una de las observaciones que entregó Soledad en el programa fue: “Un niño de 14 años va a encontrar tanta información sobre lo que está pasando en internet. Es muy fácil distorsionar la realidad y es muy complejo hacer que ese niño sea una persona crítica, si no hay un adulto que le está enseñando ver las diferentes caras de la moneda”.

Escucha el programa completo haciendo clic en el siguiente link: “¿Qué nos está pasando?” (programa emitido el 12 de diciembre).

Mineduc y VTR entregan consejos para uso de celulares, internet y redes sociales a padres de Alto Hospicio

Entregar estrategias a padres y apoderados para que puedan educar a sus hijos en el uso de celulares, internet y redes sociales, fue el objetivo del taller “Apoderados Empoderados: Herramientas para padres en un mundo digital” que efectuó el Ministerio de Educación en alianza con VTR.

Para saber más haga clic AQUÍ.

 

Cinco medidas de autocuidado docente para profesores 2.0

Decidí hace algunos años, acercarme a mis alumnos y mantener una estrecha relación con ellos porque estoy convencida que mientras más apoyo tengan, más van a aprender y superarse a si mismos. Esto me trajo como resultados buenas evaluaciones docentes y hasta un premio al mejor profesor de carrera. No dudo que esto implica un esfuerzo grande, pero bien vale la pena escuchar años después cómo tus alumnos atesoran los consejos que alguna vez les diste, acuñan tus frases más típicas o replican tus estrategias metodológicas con seguridad y eficiencia como verdaderos discípulos.

Esta relación horizontal entre profesores y alumnos tiene beneficios y costos. De estos costos, debemos sacar lecciones y tomar algunas medidas de autocuidado que enriquecerán la relación entre profesor y alumnos.

Comparto las cinco medidas de autocuidado docente para profesores que han incorporado las TICS en sus clases. Entendemos “autocuidado” como la contribución constante de un individuo a su propia existencia.

1.-Dale valor a tu trabajo: Es probable que destaques entre tus colegas como un excelente apoyo o “servicio técnico” capaz de solucionar muchos problemas que otros no logran abordar. Es recomendable ponerle valor a tu tiempo y trabajo, estableciendo momentos del día o de la semana para ayudar a otros o bien, cobrar por ello en caso que sea pertinente. Te evaluarán por tus logros, no por tu buena voluntad. La ayuda al prójimo debe ser limitada.

2.-Establece horas de trabajo: Entiendo que tu trabajo te apasione y que de verdad sea una fuente de inspiración en tu vida, pero junto con trabajar, es importante estar con la familia, hacer deporte, leer y compartir con amigos. Ir a misa o practicar yoga no son solo actividades complementarias en la vida. Organiza tu agenda para trabajar 8 horas al día disponiendo tiempo para docencia, atención de alumnos, estudio, preparación de clases y da a conocer tu disponibilidad de tiempo para que puedan respetarla.

3.-Limita tus medios de comunicación: El profesor 24/7 disponible no es necesariamente el mejor profesor. Los alumnos tienen otros horarios para dedicarle a sus tareas académicas. Favorezca el contacto con ellos a través de foros , correo y redes sociales pero disponga anticipadamente horarios de atención y tipo de preguntas que van a merecer la pena ser respondidas. recomiendo disponer de un foro social para la clase, de manera que los mismos alumnos puedan anotar sus dudas y compartir las respuestas entre ellos sin que toda la responsabilidad recaiga en el docente.

4.-Utiliza tu vida personal en el aula con moderación: Si bien tus alumnos van a ser cercanos a ti por la cantidad de horas que pasas con ellos, es importante que NO sean parte de tu vida intima y familiar. Cuida lo que compartes con los alumnos de tu clase y evita sobreexponerte innecesariamente. Maneja tus redes sociales con discreción y evitas ser el centro de las conversaciones de estudiantes.

5.-Programa tiempo para descansar y compartir: Exígete a ti mismo la lectura de una novela cada cierta cantidad de semanas, o bien, compartir una copa con amigos o amigas que no ves regularmente. Organiza tus horas de sueño para que al menos descanses 8 horas al día. Poco aporta un profesor cansado, mal genio y derrotado.

Si quieres saber más, revisa el decálogo docente sobre buenas prácticas en el mundo virtual. Descárgalo AQUÍ.

Soledad Garcés orientó a alumnos del Colegio Cordillera sobre cómo navegar por internet responsablemente

El pasado 7 de junio, alumnos de 6° básico del Colegio Cordillera, asistieron a la charla realizada por Soledad Garcés, directora del programa Convivencia Digital y Autocuidado en internet, quien les enseñó a los estudiantes en forma amena y didáctica cómo navegar por internet de manera responsable.  

Una de las preguntas que realizó Soledad a los alumnos fue: ¿Qué pasa en tu cerebro cuando estás frente a una pantalla? Entre las respuestas de los estudiantes, estas fueron: “No pasa nada” o “se me pasa el tiempo volando”.

Sin embargo, la reacción de los estudiantes cambió cuando Soledad les explicó que el cerebro de un adulto no funciona igual que la de un niño. En estos últimos, “se afecta el circuito de recompensa y el mecanismo de autorregulación cuando se exponen a videojuegos por períodos de tiempo superiores a 20 minutos”.

De esta misma forma, Soledad enfatizó la importancia del uso adecuado, seguro y responsable de las tecnologías, para prevenir daños colaterales en nuestro organismo.

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