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La ciencia lo dice: no hay que demonizar el uso de las pantallas en niños y adolescentes

Que cada minuto de internet puede comprometer el bienestar de niños y adolescentes es una creencia que se populariza a medida que crece el debate y el estudio sobre el tiempo que dedican las nuevas generaciones al uso de dispositivos móviles.

Pero un creciente cuerpo de investigación sugiere que el miedo a las pantallas no se justifica, al menos por ahora. Esto, porque la evidencia por la relación entre estar conectado y la salud mental de los menores aún no es sólida.

“El pánico no está justificado” dice a “El Mercurio” Andrew Przybylski, director del Instituto de Internet de la Universidad de Oxford (Reino Unido), quien estudia el tema.

“Hay buenas razones para ser críticos y escépticos sobre el papel de las empresas tecnológicas en la vida de los jóvenes, pero las preocupación extrema por las pantallas o los teléfonos inteligentes aún está fuera de lugar”.

Przybylski, quien ha publicado varias revisiones sobre los estudios disponibles, explica por qué: “Básicamente, nuestra investigación indica que no hay un efecto claro en absoluto. Esto podría deberse a que la tecnología no afecta a todos los adolescentes de la misma manera”.

Uno de los estudios más recientes se publicó el mes pasado en el Jorunal of Child Psychology and Psychiatry. En él se analizaron 40 investigaciones que habían examinado el vínculo entre las redes sociales, la depresión y la ansiedad en los adolescentes. La conclusión fue que ese vínculo es muy pequeño e inconsistente.

El trabajo se dio a conocer varias semanas después de que Amy Orben, investigadora de la Universidad de Cambridge, publicara un análisis que llegó a conclusiones similares.

Según Orben, si bien es cierto que varias investigaciones arrojan niveles de bienestar relativamente bajos en los jóvenes que informan un mayor uso de las redes y celulares, la mayoría de los estudios se basan en una pequeña muestra de participantes, sus hallazgos no indican una relación fuerte y sus conclusiones pueden estar hechas en base a ruido estadístico.

“Creo que no se justifica para nada la relación del miedo, porque la evidencia sobre los perjuicios de la tecnología en los jóvenes aún no es tan fuerte” comenta Orben a “El Mercurio”.

“Nuestros estudios han hallado una relación muy pequeña y poco significativa entre quienes usan mucho redes sociales y se sienten mal de ánimo, pero además hemos encontrado que quienes ya se sienten mal usan mucho las redes, entonces no sabemos si los jóvenes ya están con problemas que los hacen refugiarse en internet”.

Prestar atención

La investigadora admite que muchos padres pueden estar confundidos sobre la contradictoria que ha sido la ciencia al respecto.

“Por ahora, algo que me parece crucial es estar atento a que están viendo (en internet) los niños y jóvenes, porque no es lo mismo pasar veinte minutos hablando por Skype con la abuela que viendo contenido suicida”.

Andrea Aguirre, psiquiatra infanto-juvenil de la Clínica Universidad de Los Andes, concuerda en que culpar a la tecnología de cuadros depresivos y ansiosos es presurado.

“Efectivamente faltan estudios, porque el tema tecnológico lleva unos treinta años, pero para poder probar causa y efecto, hace falta más tiempo y mayor evidencia”, dice Aguirre.

Según agrega no hay una relación bien establecida entre usar demasiado celular y tener problemas de salud mental: “Hay un contexto y puede ser que algunos tengan cierta suceptibilidad a la depresión o antecedentes familiares, a lo que hay que estar alerta”.

María Soledad Garcés, directora de la Fundación para la Convivencia Digital, coincide en que el temor no se justifica, pero opina que el extenso uso que hacen los niños y jóvenes de la tecnología, requiere ´estar alerta´”. 

Junto con Aguirre, Garcés comenta que cada vez hay menos evidencia de que los dispositivos móviles pueden ser muy adictivos. Desde la neurociencia, explican, se ha visto que el uso de pantallas interactivas impulsa la liberación de altas dosis de dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y a la motivación, lo cual podría llevar a conductas adictivas. 

Para ambas, la palabra clave es educación, que pasa por establecer límites y conversar sobre los peligros que hay internet. 

Es algo que le ha funcionado a la profesora Jessica Escobar. Hoy sus tres hijos (11, 13 y 15 años) manejan sus propios celulares y el hecho no se ha convertido en un problema, dice.

“Yo los dejo usar los teléfonos porque veo que los ayuda no solo a estudiar, si no también para formar su personalidad por ejemplo en Tik Tok (a través de la publicación de videos de comedia o baile), o simplemente conectarse con los amigos”.

“Pero yo educo y pongo ciertas reglas, como en horarios en los que no se pueden usar el celular” cuenta Escobar.

Y añade: “También conversamos sobre la gente que busca hacer daño en internet y planificamos actividades en familia con descanso en tecnología. Yo veo que eso les ha servido para autorregularse”.

Publicado en: Sección Vida, Ciencia y Tecnología, “El Mercurio”

 

 

Alejarte de tu celular podría ayudarte a vivir más

Al igual que sucede con muchas personas, tal vez has decidido que quieres pasar menos tiempo mirando tu celular.

Es una buena idea, porque un creciente cuerpo de investigación indica que el tiempo que pasamos en nuestros teléfonos móviles interfiere con nuestro sueño, autoestima, relaciones, memoria, capacidad de retención, creatividad y productividad, así como habilidades para resolver problemas y tomar decisiones.

No obstante, existe otra razón para que reconsideremos nuestras relaciones con nuestros dispositivos. Debido a que elevan de manera crónica los niveles de cortisol, la principal hormona del estrés de nuestro organismo, nuestros teléfonos podrían amenazar nuestra salud y acortar nuestra vida.

Hasta ahora, la mayoría de las discusiones sobre los efectos bioquímicos de los celulares se han enfocado en la dopamina, un químico cerebral que nos ayuda a crear hábitos —y adicciones—. Como máquinas tragamonedas, los celulares y las aplicaciones están explícitamente diseñadas para detonar la liberación de dopamina, con el objetivo de hacer que sea difícil dejar de usarlos.

Esta manipulación de nuestros sistemas de dopamina es el motivo por el que muchos expertos creen que estamos desarrollando adicciones de comportamiento con nuestros teléfonos. Sin embargo, los efectos de nuestros móviles en el cortisol son incluso potencialmente más alarmantes.

El cortisol es nuestra hormona primaria de reacción de lucha o huida. Su liberación genera cambios fisiológicos tales como aumentos repentinos en la presión arterial, la frecuencia cardiaca y el azúcar en la sangre, que nos ayudan a reaccionar y sobrevivir amenazas físicas graves.

Estos efectos pueden salvar nuestra vida si realmente estás en peligro físico —digamos, por ejemplo, si un toro está a punto de embestirte—. Sin embargo, nuestros cuerpos también liberan cortisol en respuesta a generadores de estrés emocional en los que el aumento de la frecuencia no nos será de gran beneficio, como revisar tu celular para encontrar un correo electrónico que tu jefe te escribió cuando estaba enojado.

Cuatro horas al día

Si ocurre solo ocasionalmente, el incremento repentino de cortisol inducido por el teléfono podría no ser importantes. Sin embargo, el estadounidense promedio pasa cuatro horas al día mirando su móvil y lo mantiene al alcance de la mano casi todo el tiempo, de acuerdo con una aplicación de monitoreo de actividad llamada Moment. El resultado, como Google ha destacado en un informe, es que “los dispositivos móviles cargados con redes sociales, correo electrónico y aplicaciones informativas” crean “una sensación constante de obligación, lo que genera estrés personal no intencional”.

“Tus niveles de cortisol están elevados cuando tu celular está a la vista o cerca, o cuando lo escuchas o incluso piensas que lo escuchas”, dijo David Greenfield, profesor de Psiquiatría Clínica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Connecticut y fundador del Centro para la Adicción al Internet y la Tecnología. “Es una respuesta al estrés, y se siente poco placentera, y la respuesta natural del cuerpo es querer revisar el teléfono para hacer que se vaya el estrés”.

No obstante, aunque hacerlo te podría calmar por un segundo, probablemente empeorará las cosas a largo plazo. En cualquier momento que revisas tu teléfono, es probable que encuentres otra cosa estresante que te espera, lo que conduce a otro aumento repentino de cortisol y otro deseo de revisar tu celular para hacer que la ansiedad se vaya. Este ciclo, cuando es reforzado de manera constante, conduce a niveles de cortisol elevados crónicamente.

Y los niveles de cortisol elevados crónicamente han sido relacionados con un mayor riesgo de problemas de salud graves, incluidos depresión, obesidad, síndrome metabólico, diabetes tipo 2, problemas de fertilidad, hipertensión arterial, demencia e infartos cerebrales.

“Cada enfermedad crónica que conocemos es exacerbada por el estrés”, dijo Robert Lustig, profesor emérito de Endocrinología Pediátrica en la Universidad de California, campus San Francisco, y autor de The Hacking of the American Mind. “Y nuestros teléfonos están totalmente contribuyendo con esto”.

Estrés por el celular

Además de los efectos a la salud potenciales a largo plazo, el estrés inducido por los celulares nos afecta en formas más inmediatas.

Niveles elevados de cortisol afectan a la corteza prefrontal, un área del cerebro crítica para la toma de decisiones y el pensamiento racional. “La corteza prefrontal es el Pepe Grillo del cerebro”, dijo Lustig. “Evita que hagamos cosas estúpidas”.

La afectación de la corteza prefrontal hace decrecer el autocontrol. Cuando se une a un deseo poderoso de mitigar nuestra ansiedad, esto puede llevarnos a hacer cosas que en el momento podrían parecer que alivian el estrés pero que son potencialmente fatales, como escribir un mensaje mientras manejamos.

Los efectos del estrés pueden ser amplificados aún más si constantemente nos preocupa que algo malo pueda pasarnos, ya sea un ataque físico o un comentario en las redes sociales que provoque nuestra ira. (En el caso de los teléfonos, este estado de hipervigilancia a veces se manifiesta como “vibraciones fantasmas“, en las que las personas sienten que su celular vibra en su bolsillo cuando el móvil ni siquiera está ahí).

“Todo lo que hacemos, todo lo que experimentamos, puede influir nuestra fisiología y cambiar circuitos en nuestro cerebro de maneras que nos pueden hacer más o menos reactivos al estrés”, dice Bruce McEwen, director del Laboratorio de Neuroendocrinología Harold and Margaret Milliken Hatch en la Universidad Rockefeller.

McEwen también señala que nuestros niveles base de cortisol decaen y fluyen en un ciclo regular de veinticuatro horas que se descontrola si dormimos menos de siete u ocho horas por noche, lo cual es muy sencillo de lograr si tienes el hábito de revisar tu teléfono antes de ir a la cama. Esto, en cambio, deja a nuestros cuerpos menos resilientes al estrés e incrementa nuestro riesgo de todas las condiciones de salud relacionadas con el estrés que fueron mencionadas anteriormente.

Piensa en todo esto, y las horas que pasamos compulsivamente revisando nuestros móviles podrían significar mucho más que solo una pérdida de tiempo.

Rompiendo el ciclo

La buena noticia es que si rompemos este ciclo fomentado por la ansiedad, podemos reducir nuestros niveles de cortisol, lo que puede tanto mejorar nuestro juicio a corto plazo como bajar nuestro riesgo a largo plazo de problemas de salud relacionados con el estrés. Con el paso del tiempo, dice McEwen, incluso es posible volver a entrenar a nuestros cerebros para que nuestras respuestas al estrés, para comenzar, ya no sean tan fáciles de detonar.

Para hacer tu teléfono menos estresante, comienza con apagar todas las notificaciones excepto aquellas que realmente quieres recibir.

Posteriormente, pon atención a cómo cada aplicación te hace sentir cuando la usas. ¿Cuál revisas cuando estás ansioso? ¿Cuál te deja con una sensación de estrés? Esconde esas aplicaciones en una carpeta que no esté en tu pantalla principal. O, mejor aún, bórralas durante unos días y ve cómo te sientes.

Al mismo tiempo, también empieza a prestar atención a cómo cada aplicación te afecta físicamente. “Si no estamos conscientes de nuestras sensaciones físicas, no cambiaremos nuestros comportamientos”, dijo Judson Brewer, director de investigación e innovación en el Mindfulness Center de la Universidad de Brown y autor de The Craving Mind. De acuerdo con Brewer, el estrés y la ansiedad a menudo se manifiestan como una sensación de contracción en el pecho.

Descansos regulares también pueden ser una manera efectiva de devolver el equilibrio a la química de tu cuerpo y recuperar tu sensación de control. Un “sabbat digital” de veinticuatro horas puede ser sorprendentemente relajante (una vez que la contracción inicial ceda), pero incluso solamente el dejar tu teléfono a un lado cuando vayas a almorzar es un paso en la dirección correcta.

Además, intenta darte cuenta cómo se sienten en tu cerebro y en tu cuerpo las ansias de tomar tu teléfono inducidas por la ansiedad —sin rendirte inmediatamente ante ellas—. “Si practicas darte cuenta que sucede dentro de ti, te darás cuenta que puedes elegir cómo responder”, dijo Jack Kornfield, un maestro budista en el Spirit Rock Meditation Center en California. “No tenemos que estar a merced de algoritmos que promueven el miedo de perdernos de algo”.

Desafortunadamente, no es tan fácil crear límites saludables con dispositivos que están deliberadamente diseñados para desalentarlos. Sin embargo, reducir nuestros niveles de estrés no solo nos hará sentir mejor en el día a día, también podría realmente alargar nuestra vida.

Fuente: The New York Times en Español

¿Qué ocurre si mi hijo es segregado por sus compañeros de colegio porque no usa teléfono móvil?

Prohibir a los niños el uso de dispositivos tecnológicos no evita los riesgos y les impide a que aprendan a vivir en la era digital. Es importante educar en estos temas y entender qué es mejor, según la edad y etapa de desarrollo de cada hijo(a). Así ayudamos a mejorar su salud mental y bienestar emocional. Esto se logra, sólo con el compromiso de toda una comunidad de curso.

Revisa las recomendaciones que entrega Soledad Garcés, directora de Fundación para la Convivencia Digital.

¿Estás pensando en regalar un teléfono móvil a tu hijo para esta Navidad?

Cada año, los meses anteriores a la Navidad, podemos pasar varias horas pensando en qué regalos harán felices a nuestros hijos. Nuestras alternativas van desde muñecas, juguetitos de moda, tecnologías o algún “chiche” entretenido.

Probablemente, siempre pensamos en regalos “con sentido” que nos ayuden a tener más presente el valor verdadero de la Navidad.

No dudaría jamás de las intenciones que ustedes tienen al momento de comprar los regalos de navidad de sus hijos. Sin duda, quieren hacerlos felices. Sin embargo, en muchos casos, cuando les regalan un teléfono celular, no tienen real conciencia que le están regalando un problema.

En la mayoría de los casos, antes de los 12 años los niños no han recibido la formación necesaria para gestionar su identidad digital a través de un teléfono celular con acceso a internet o bien no conocen los peligros reales de la web a los que se van a enfrentar cuando tengan acceso liberado 24/7 desde tu teléfono.

Si quieres ser un padre o madre responsable y formador, te aconsejamos que antes de entregarles un teléfono a tus hijos, conversen en familia algunos temas importantes que permitirán que este regalo tan esperado, sea un aporte y no un medio para ganar problemas. No son pocos los padres como ustedes, que al regalarles un celular a sus hijos, creyeron que le regalaron un aparato para comunicarse con ellos, pero en la realidad, la comunicación se volvió más escasa que nunca. O bien, los que creyeron que el celular les permitiría compartir experiencias de vida con sus hijos a través de fotos y videos y en realidad, se alejaron de ellos y de los amigos de verdad y se acercaron los amigos virtuales.

Para convertir el deseado teléfono celular en un regalo inolvidable, les invito a pensar antes de comprarlo, en las reglas básicas de uso y comportamiento que deberán cumplir sus hijos, para convertir este aparatito en un aporte y no en un problema. Les dejo un contrato de ejemplo para que puedan compartirlo con sus hijos, y así, vuelvan este importante paso para sus hijos, en una oportunidad de crecimiento y aprendizaje y evitemos que se vuelva un problema.

Estamos seguros que estas normas de uso, permitirá que tu hijo(a) no solo pueda darle un buen uso al teléfono celular, sino que también aprenderá a desarrollar su voluntad y responsabilidad:

 

  • Todos los lugares comunes de nuestra casa, son permitidos para el uso del celular, no pudiendo llevártelo al dormitorio.

 

  • El teléfono es de propiedad de tus padres y puedes usarlo prestado mientras cumplas con su buen uso y no descuides tus responsabilidades tanto en casa como en el colegio. Pasará a ser de tu propiedad el día que puedas pagarlo por ti mismo.

 

  • Siempre debemos saber tu contraseña de acceso y podemos pedirlo en cualquier momento. Confiamos que no encontraremos contenidos inadecuados o faltas de respeto a otras personas.

 

  • Cuando te llamen, saluda educadamente, y no olvides despedirte de quien está al otro lado de la llamada al momento de cortar. Nunca dejes de atender una llamada de tu papá o mamá.

 

  • En los días de colegio, el teléfono debe quedar en casa a menos que se determine lo contrario en acuerdo contigo para eventos especiales. En las noche, debe quedar en manos de tus padres , apagado. Es importante dejar espacios en la vida de desconexión para conversar, descansar, leer, y entretenerte de otras maneras.

 

  • El celular no va al colegio. Aprovecha a tus amigos en persona, conversa con ellos y aprende a compartir buenos momentos con ellos. Recuerda conversar con ellos en persona los temas importantes. Deja las redes sociales para coordinar actividades y compartir fotos.

  • Si se rompe el teléfono, tu lo pagas. El responsable de este aparato eres tú. Esto te ayudará a poner atención donde lo dejas y como lo usas.

 

  • Los teléfonos celulares no son para ofender a otros o para hacer cosas que no harías en la vida real. Dale un uso inteligente y no te olvides de ser respetuoso, educado y siempre que puedas, para las cadenas de mensajes evitándole su reenvío.

 

  • Si en los grupos de redes que participes en tu celular, ves que ofenden a otra persona, promueve el buen trato y no participes de los descalificativos. Privilegia ser buen amigo.

 

  • Nunca mandes un email o mensaje con algún texto que no podrías repetir en presencia de adultos o con tus amigos al frente. Aprende a censurarte a ti mismo y siempre piensa en la consecuencias que pueden tener tus palabras en la vida de otra personas y en la tuya . No te vuelvas esclavo de tus propios actos.

 

  • Busca en internet, solo información que podrías leer y revisar con nosotros. Evita la pornografía y contenidos violentos que tu bien sabes , no aportan nada en tu desarrollo. Si tienes dudas, por favor pregúntanos a nosotros primero y te explicaremos lo que quieres saber.

 

  • Cuando vayas a un lugar público, silencia tu celular, y evita alterar los ambientes donde estés con ringtones o música que a otros pueda molestar.

 

  • No te fotografíes tus partes íntimas ni en broma, y no recibas fotos provocativas de otras personas. Se que cuando leas este punto, te vas a reír, pero es importante que sepas que esto siempre será una mala idea, ya que nunca podrás borrar estas fotos de internet y te perseguirán el resto de tu vida, seguramente avergonzándote o incomodándote incluso cuando seas adulto. La pornografía nos hace creer que el cuerpo humano es un objeto de placer y comercial , lo que no es así. Además produce alteraciones en tu cerebro que podría gatillar una adicción sin darte cuenta.

 

  • Evita perder el tiempo en decenas de selfies y fotos sin sentido. Ocupa tu tiempo en tomar fotos y videos que te sirvan de recuerdos de lindos momentos y preocúpate que todos tus amigos y amigas salgan bien en cada foto que publiques. Recuerda que la identidad digital de tus amigos, también es responsabilidad tuya. Cuida la imagen de ellos, como la tuya misma.

 

  • Aprende a vivir sin celular. NO te aferres a él, de manera que si un día lo olvidas o lo dejas en casa, puedas estar tranquilo y no tengas ansiedad. El teléfono no debe ser la prolongación de tu cuerpo o un artefacto esencial de tu vida. Es una ayuda y como tal, debe estar a tu servicio y no tu al servicio del celular.

 

  • Descarga juegos que te desafíen mentalmente como algunos de estrategia, roles o de lógica. No te quedes solo con los juegos de moda.

 

  • Recuerda que nada es gratis en internet, revisa bien las condiciones de uso y términos de contrato de cada aplicación que descargues.

 

  • Evita jugar en línea con personas desconocidas, puedes exponerte a contactarte con personas malintencionadas.

 

  • Planeas ratos libres sin celular, para que disfrutes la naturaleza, a tus amigos , familia y conozcas las flores y naturaleza que hay en tu jardín.

 

  • No tengas miedo a equivocarte. Seguramente , si te metes en algún problema, nos sentaremos a conversar, replantearemos una que otra de las reglas que acabamos de escribir y te daremos otra oportunidad. No pasa nada, trataremos que el uso de tu teléfono sea una oportunidad de aprendizaje para todos.

 

  • Intenta ser un buen ejemplo para tus hermanos, y corrígenos a nosotros si nos equivocamos para aprender a ser un buen ejemplo para uds.

 

¿Se debe prohibir el acceso a la tecnología a los niños y jóvenes en los colegios?

Convierte a tus profesores en líderes digitales para educar en la convivencia digital enseñando a sus alumnos a usar internet, videojuegos y redes sociales de manera ética, segura y responsable. ¿Te interesa? Haz clic aquí

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