ESTUDIO

¿Cómo afecta la televisión al desarrollo infantil?

Descubre cuáles son las recomendaciones para resolver este hábito en base a las conclusiones de un estudio publicado por la Academia de Pediatría de los EEUU.

Recuerdo que cuando era niña, a las nueve de la noche, aparecía un angelito en la televisión que nos hacía cantar “a lavarnos los dientes, a ponerse el pijama y a darle un beso a mamá porque mañana temprano aprenderás cosas nuevas”. Mi madre nos decía “es la hora del angelito” y con eso entendíamos que el día había terminado. Ya la televisión en los años 70, nos marcaba la pauta respecto a la hora en que había que ir a la cama.

Hoy, la TV sigue siendo una ayuda doméstica. Usualmente vemos madres y padres culposos por dejar a sus hijos(as) largas horas frente a la televisión. Lo suelen justificar con la frase “así se quedan tranquilos” y porque así pueden hacer ellos otras cosas. El tono de voz siempre es dramático o bajito, como si estuvieran reconociendo un pecado grave. Me llama la atención que les provoque sentimientos de “culpa” que sus hijos vean TV tantas horas, pero tampoco hacen mucho por remediar la situación. Las excusas son varias: la carga de trabajo, que los niños son muy inquietos o que meten ruido. Da igual, excusas hay de sobra. De todas formas, y pese a la culpa parental, el número de horas que los niños pasan frente a la televisión, que actualmente es en promedio de 4,4 horas al día, continúa siendo un tema de debate científico.  

Son muchos los estudios que ya han comprobado que los estímulos externos pueden cambiar la forma en que funciona nuestro cerebro. Más aún en la infancia y adolescencia, donde este órgano se encuentra en pleno desarrollo. Un conocido estudio en niños de 4 años expuso a tres grupos de menores a realizar tres tareas diferentes durante nueve minutos: ver dibujos animados (Bob Esponja), dibujar con crayones y jugar con un juego educativo. Los investigadores observaron que los niños que vieron Bob Esponja, a diferencia de los otros dos grupos, tuvieron solo un 50% en las puntuaciones de sus funciones ejecutivas (Christakis, 2011). 

Las tareas que se consideraron a realizar en esos nueve minutos fueron: seguir instrucciones (atención y memoria), invertir el orden de los números (resolución de problemas) y resistirse a una recompensa que consistía en comer una colación (demorar la gratificación). Una de las conclusiones del equipo fue que el cerebro infantil trabajó duramente para recoger información de las rápidas imágenes animadas que pasaban frente a ellos, lo que agotó su capacidad de aprender. Los resultados fueron similares con otros dibujos animados. 

El estudio consideró un capítulo de la serie Bob Esponja,  analizando la velocidad de los movimientos con que se mueven las figuras, la complejidad del vocabulario y los estímulos en cuanto a imagen y sonido. Las pruebas se realizaron justo al terminar el tiempo de visualización de los dibujos animados, del dibujo con crayones y del usó del juego educativo. El efecto entonces es inmediato y fuerte, pero se desconoce cuánto tiempo puede durar. Quise compartir los resultados de este estudio para que como padres y madres puedan tomar buenas decisiones respecto del uso de la televisión en sus hijos(as).

¿Qué podemos concluir de este estudio y de otros similares?

  • El problema de exponer a los niños a ver dibujos animados, poco tiene que ver con la trama de la serie en sí, sino más bien con la capacidad que sus cerebros tienen para procesar la información que están recibiendo. Los estímulos a los que se exponen son muchos (luz, sonidos, diálogos, risas, trama, imagen, entre otros) y suelen sobrecargar su capacidad de memoria y atención, produciendo un efecto de “copamiento”. 
  • No es necesario eliminar la TV de la vida familiar, sino que es recomendable dosificarla.
  • Es importante que los dibujos animados tengan en lo posible objetivos educativos y que sean tramas lo más cercanas a la realidad. De esta manera se facilita la comprensión de los mensajes televisivos y la asociación con conocimientos o experiencias que ya tengan los menores.
  • Si la corteza prefrontal (parte del cerebro a cargo de procesar la información que se ve en la TV) madura después de los 25 años, es necesario que el contenido al que exponemos a los niños(as) tenga las características necesarias para que ellos puedan entenderlo y darle valor. Primeramente entonces, que sean de movimientos lentos, menos estímulos e interactivos (esto implica que les den desafíos o les hagan preguntas). 
  • Si la serie no es interactiva, la mediación la puede hacer un adulto a cargo, promoviendo el pensamiento reflexivo frente a la trama, reacciones de los personajes o bien, sobre el contexto en que se relata la historia.
  • Tengamos presente que ver TV nos deja en un rol pasivo, donde más que ver y oir no hay mucho mas. Ser espectador de lo que muestra la TV simplemente resta un valioso tiempo para hacer actividades que serán beneficiosas para el desarrollo de habilidades como la creatividad, el lenguaje, pensamiento, entre otros.

  ¿Ver TV es el real problema? 

Yo creo que no. La TV no es mala en sí misma. Cuando el tiempo que le dedica un niño(a) a ver televisión es excesivo, reiterado, a diario y carente de toda interacción con el medio que lo rodea, se vuelve un tiempo que resta posibilidades de desarrollo reales. 

El que los padres y madres conozcan más información sobre los efectos negativos a nivel cerebral que pueden tener las tecnologías en la vida de los niños(as) puede significar un cambio real en el desarrollo de sus hijos(as).  A su vez, es necesario ayudarles a buscar estrategias para gestionar el uso de pantallas en casa, con convicción y sin culpas ni temores. 

Si no priorizamos el bienestar de nuestros niños, probablemente su futuro como adultos nos pasará la cuenta. En este artículo analizamos un estudio que alerta sobre el efecto que 9 minutos del dibujo animado Bob Esponja tiene en los niños. Ahora pensemos en esas 4,4 horas de pantalla diaria, que al año suman 66 días de corrido… ¿apagamos la TV y salimos a jugar?

Fuentes

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