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Cómo funciona el negocio de las redes sociales

Las redes sociales  son plataformas que permiten conectarse y comunicarse con amigos, familiares y colegas. Incluso permiten que las personas conozcan a otros que no han visto en el mundo real. Sin embargo, la mayoría de las redes sociales tienen como principal fuente de ingresos la publicidad y la venta de datos de sus usuarios a empresas que buscan implementar campañas de ventas.

¿Cómo funcionan las redes sociales? 

Las redes sociales no venden información identificable como nuestro número de teléfono, dirección de correo electrónico u otros detalles privados a estas empresas. Lo que realmente venden son patrones de uso anónimos, es decir, datos estadísticos sobre el comportamiento, gustos, edades de un grupo específico de usuarios. Toda esta información la van recopilando a partir del trabajo que realizan sus algoritmos. 

¿Qué son y cómo funcionan los algoritmos? 

La Real Academia Española de la Lengua define algoritmo como un “conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema”. Este concepto está fuertemente incorporado en el mundo digital, principalmente en las redes sociales. El objetivo de los algoritmos es mostrarles a los usuarios lo que le puede interesar, a partir del análisis de sus datos y comportamientos digitales, para así estimular su consumo. 

Esta acción comercial se complementa con el marketing digital, que consiste en la implementación de estrategias de comercialización en medios digitales como correos electrónicos, redes sociales, sitios webs, buscadores, entre otros. Estas estrategias se van midiendo en diferentes parámetros como: la inmediatez, las nuevas conexiones que se logran día a día, tiempo de visualización de una publicación entre otras mediciones. 

Te preguntarás, ¿qué relación tiene el marketing digital con los algoritmos? 

Ambos, son parte de la base de las redes sociales y los servicios digitales para comercialización de productos y de servicios que consumimos día a día. El gran éxito de las redes sociales como canales de venta, se debe al uso de algoritmos de búsqueda y ordenamiento de los contenidos según las preferencias del público objetivo de cada red social (Facebook, Twitter, Instagram, TIKTOK, YouTube, entre otras). 

Las redes sociales, van mostrándonos lo que consideran que es relevante y de interés para nosotros, según los análisis de sus algoritmos. No organiza los contenidos cronológicamente, ni nos muestra publicaciones de quienes seguimos, nos muestra contenidos relacionados a los gustos, intereses y edad del usuario que el algoritmo ha identificado. 

Haciendo uso de las diversas herramientas de medición de los buscadores o redes sociales las compañías pueden conocer los principales intereses de cada usuario y entonces, crear segmentos diferentes con tipos de usuarios a los cuales les llegarán publicidad de acuerdo a su edad, intereses y redes de contactos. Nuestra vida está totalmente atravesada por los algoritmos. Estas fórmulas matemáticas influyen en nuestras vidas más de lo que imaginamos, por ejemplo, al momento de hacer una búsqueda web. Si buscamos en internet información sobre “muebles para dormitorios”, los algoritmos del buscador recogen la información que has visto y la data de las webs en que has navegado. Esa información es recogida por las cookies (micro-aplicaciones recogedoras de datos) y luego se vincula con las redes sociales consiguiendo que visualices publicidad asociada a muebles para dormitorios. A esto llamaremos “publicidad contextual”. 

¿Qué es la publicidad contextual? 

La publicidad contextual, también conocida como “publicidad orientada a contenido y contexto” consiste en posicionar anuncios publicitarios en diferentes sitios web con contenidos específicos y segmentados de acuerdo a la temática, apareciendo en el momento y lugar adecuado dependiendo de los intereses de cada usuario. Cuando un usuario entra en una web específica, se encontrará con enlaces publicitarios basados en las características de su perfil, conceptos que se ha asociado a sus necesidades concretas o parámetros de búsqueda en ese instante. Esos parámetros e información ya fueron previamente recogidos por los algoritmos. Este tipo de publicidad aumenta exponencialmente la efectividad de la campaña de promoción y ventas a través de canales digitales. 

¿Qué son los sesgos cognitivos? 

Si ya has comprendido la dinámica que existe tras las redes sociales y el comercio digital, ahora explicaremos un concepto muy controvertido: los “sesgos cognitivos” en el mundo digital. Un sesgo cognitivo es la interpretación errónea y sistemática de la información disponible que influye en nuestra manera de pensar y tomar decisiones. En el ámbito del marketing, los sesgos cognitivos inciden en nuestros comportamientos de consumo, por lo que las empresas los implementan en sus estrategias de mercado. 

Un sesgo cognitivo, por ejemplo, es la generalización. Cuando una persona considera que “todos los pantalones le quedan mal”, pero en la práctica sólo se ha probado dos, manifiesta de manera categórica que ningún pantalón le quedará bien, aunque existan miles de modelos en el mercado. Esta convicción es una decisión involuntaria, que puede estar más relacionada con las emociones que con un razonamiento lógico relacionado con la prenda misma. Este simple ejemplo nos ilustra cómo actuamos en muchas ocasiones frente a diferentes estímulos que vamos recibiendo a través del mundo digital. Si un producto, un servicio digital o una red social no nos gusta, lo más probable es que no lo volvamos a utilizar. Es decir, el sesgo cognitivo, impacta en nuestra toma de decisiones, en lo que compramos y en lo que se vende. 

Otro ejemplo es el “sesgo de confirmación”. Es el caso, por ejemplo, de personas que apoyan o se oponen a una causa. No sólo buscan información para reforzar sus ideas, sino que además, las interpretan de manera tal que defiendan sus ideas preconcebidas. Interpretamos, recordamos la información solo para confirmar algo puntual que ya hemos decidido previamente, o que favorece nuestras creencias y suposiciones más arraigadas. Las empresas construyen un perfil publicitario para reforzar las hipótesis del consumidor, por ejemplo, vinculando un perfume con elegancia, una bebida con diversión, entre otros ejemplos. 

Estos “atajos mentales”, que llamamos “sesgos cognitivos” nos han permitido a lo largo de la historia, tomar decisiones en forma rápida. El problema es que, en muchos casos, esta toma de decisiones es carente de racionalidad, de objetividad e información relevante que nos puede alejar de tomar buenas opciones. El mundo de la publicidad actualmente aprovecha los sesgos cognitivos para definir nuestro perfil de consumidor a través de sus campañas de marketing. Es de suma importancia que niños, niñas y adolescentes conozcan de qué manera funciona el comercio digital, el mundo de servicios webs y redes sociales y de qué manera los algoritmos y sesgos cognitivos pueden influenciarnos sin que estemos conscientes de ello. En la medida que entendamos cómo funcionan las redes sociales y los buscadores webs principalmente, seremos capaces de entender y gestionar de buena manera, las emociones que vivimos cuando nos sumergimos en el mundo de las redes sociales e internet.

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