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Riesgo psicosocial del profesor y exigencias del aula inclusiva

En 2023 impartimos un ciclo de talleres para docentes y equipos de convivencia escolar, en los que explicamos en detalle lo que implica la implementación de la ley de autismo y otros cambios normativos que se han empezado a exigir en los últimos meses.

En uno de esos talleres, un participante me hizo llegar un mensaje donde me decía: “Este año será mi último año laboral. Mi salud mental ya no da más. La exigencia por cumplir estas leyes, tiene a todos convencidos que este es el camino de la inclusión. Estos cambios no resultan por ley y el costo de seguir ese camino, es la salud mental de los docentes”. Su testimonio me hizo mucho sentido y podría replicarse fácilmente en otros contextos a lo largo de Chile.

En estos talleres, en que participaron más de 100 profesionales del área de la educación, nos dimos cuenta de una situación grave de agobio y sensación de soledad y dudas que compartimos.

Esta realidad no hizo sino sumar a lo que ya varios colegios nos fueron compartiendo durante el año:  sobrecarga laboral de los equipos de convivencia y falta de capacitación en temas relacionados con la convivencia e inclusión.

Se hizo muy evidente la compleja relación existente entre la implementación de las políticas de inclusión y la realidad actual de los colegios que está afectando la salud mental de nuestros profesores. Este agobio está fundado en la percepción del exceso de exigencias extra académicas y la falta de preparación profesional para el abordaje de las necesidades del aula inclusiva.

De anhelo a realidad digna

La Circular N° 586 sobre implementación de la ley de autismo en el ámbito escolar nos presenta nuevas exigencias, a mi parecer, difíciles de cumplir.

Un ejemplo de ello es la exigencia para todo establecimiento educacional de contar con un plan de acompañamiento para cada estudiante autista, que considere el apoyo académico, emocional y conductual adecuado a sus necesidades y realidad. Dentro de este plan de acompañamiento, se deben considerar estrategias anticipatorias y de abordaje frente a casos de desregulación emocional, donde se debe indicar-para cada alumno  los elementos contextuales, sensoriales y relacionales que puedan afectar su bienestar.

Considerando los ejes mencionados (contexto, tipo de relaciones y aspectos sensoriales), este listado impone una alta carga de trabajo extra para los equipos de apoyo y docentes de aula, considerando que, cada alumno autista es único y particular en su condición.

A la luz de la realidad percibida, podemos decir sin temor a equivocarnos, que el agobio laboral que causa la implementación de las exigencias de la Circular, va a elevar el estrés laboral escolar y con ello, seguramente, otro drama de nuestro sistema escolar: la alta cifra de abandono de la profesión docente y los problemas de salud mental que acarrea.

La inclusión escolar sigue siendo un anhelo social de todos, pero para que sea una realidad digna para todos, se deben reforzar las condiciones actuales con capacitación y apoyo profesional en el área de la convivencia escolar. De otra manera, el costo social que implica la afectación de la salud mental  de nuestros docentes, los estudiantes y sus familias, es un daño que las escuelas no merecen. La promesa que como país hemos dado de una educación inclusiva debe dejar de ser sólo una buena intención, se debe concretar en acciones realistas y respetuosas de la dignidad de todos. 

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