El reciente anuncio del primer ministro británico, Keir Starmer, sobre la prohibición del acceso a redes sociales para menores de 16 años en el Reino Unido, ha reabierto el debate global sobre el impacto de la tecnología en la infancia.
Para Soledad Garcés, directora de la Fundación para la Convivencia Digital y académica de la Universidad de los Andes, la iniciativa es un excelente punto de partida. “La tecnología llegó para quedarse (…) pero no nos puede alterar el ciclo del desarrollo, el desarrollo de la identidad, la salud mental”, señala la experta en conversación con Andrea Obaid en Tu Nuevo ADN, enfatizando que las pantallas deben ser reguladas para evitar daños en los menores.
Más allá de la adicción que generan estas plataformas, la principal preocupación de Garcés radica en el tiempo que los niños restan al mundo físico. “Todas esas horas que los niños dejan de jugar al aire libre, a conectar visualmente con las personas, a conversar, a pensar (…) son horas que tu cerebro no se desarrolla como se tiene que desarrollar”. La académica advierte que las capacidades adquiridas en el mundo virtual son a corto plazo y no se transfieren a la vida real, lo que genera adolescentes con falencias crónicas y dificultades para regular la dopamina, ya que su cerebro aún está en formación.
Para graficar el daño que provoca la sobreexcitación cerebral por el uso temprano de pantallas sin supervisión, Garcés hace una dura analogía dirigida a los padres que usan los dispositivos para calmar a sus hijos: “Si yo te dijera, oye, para que tu hijo se quede dormido, dale un poco de alcohol, tú me dirías, oye, no, eso le hace muy mal (…) las pantallas también le hacen daño, un daño diferente, pero también le hacen daño”.





