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Adolescente digital

Tanto los videojuegos como las redes sociales han sido diseñados para atrapar a sus usuarios. Al estar disponibles 24/7 y ofrecer un sinnúmero de situaciones placenteras y de empoderamiento a la medida; se potencia el desarrollo de conductas obsesivas y adictivas.

El principal riesgo que viven los niños y adolescentes hoy en el mundo digital es la dependencia de las pantallas, originada principalmente por el exceso de conexión. El estímulo cerebral permanente que provocan tanto las redes sociales como los videojuegos, activa el circuito de dopamina en el cerebro. La dopamina, neurotransmisor encargado de hacernos sentir placer, provoca la necesidad de repetir las conductas que han resultado estimulantes de la misma manera que lo hacen las drogas.

El entorno familiar influye de manera importante en los hábitos de consumo digital que adquiere un niño desde pequeño y que se manifiestan durante la adolescencia. La educación de la voluntad y el autocuidado serán claves para prevenir riesgos del mundo virtual y lograr una identidad digital positiva que aporte a la vida personal y profesional de cada hijo.

Lograr equilibrar el uso de las pantallas con actividades offline, será la clave para el desarrollo integral de los hijos. Promovamos instancias de vida familiar, el buen dormir, el contacto cara a cara con amigos, el deporte, el gusto por las artes y las actividades que favorecen el desarrollo social y emocional.

Sugerencias para prevenir

  • Acompañar a los hijos desde los primeros años para darles pautas sobre cómo usar las nuevas tecnologías será una estrategia recomendable para educar en el uso de las pantallas y prevenir los riesgos del mundo virtual.
  • Privilegie el uso de equipos en lugares comunes donde se esté acompañado o supervisado por adultos.
  • Establezca horarios de conexión y tiempos limitados para el uso de pantallas según la edad y sus necesidades.

Atención a las siguientes actitudes

  • Si un hijo evita el contacto con la familia, por priorizar actividades digitales.
  • Si se observan cambios en la rutina diaria que muestren una preferencia por el mundo digital frente a las actividades offline.
  • Cambios de carácter, aparición de estados ansiosos o mal humor al no poder acceder a internet.
  • Alteraciones en el sueño o en hábitos de alimentación debidas al exceso de conexión.
  • Si sus hijos tienen dificultades al relacionarse de manera presencial y optan por las amistades o relaciones virtuales.

Debemos saber que…

  • En su gran mayoría, los videojuegos pueden jugarse online y permiten el contacto con todo tipo de usuarios, de diferentes edades, que viven en cualquier lugar del mundo.
  • El acceso ilimitado y permanente, la activación del circuito de recompensa cerebral y el contacto con otras personas son los factores clave que pueden favorecer conductas abusivas.
  • Si se establecen horarios y normas para usar las pantallas, deben considerarse todos los días de la semana para evitar la sobrecarga emocional concentrada en unas pocas horas.
  • Las adicciones a las pantallas se pueden evitar principalmente regulando el tiempo de exposición y ofreciendo alternativas de entretención offline.

Por: Soledad Garcés.

Normas familiares en la era digital: El equilibrio entre conectarse y segregarse

En la mayoría de los veladores de las casas hoy descansa, cada noche, un celular. Sea prendido o apagado, cargándose o haciendo patria, en silencio. O quizás, varios: hay padres que los requisan a cierta hora para revisarlos. Estar conectados no es un privilegio: el 70% de los niños menores de 9 años declara tener un teléfono propio, de acuerdo al Censo Digital VTR 2019, y el 82% reconoce que lo lleva a clases, según un estudio de la Universidad de los Andes. Guste o no, los smartphones son pequeñas extensiones que nos acompañan por la vida. El punto está en cómo, dónde, cuándo y cuánto uso permitimos que les den los niños y adolescentes.

Varinia Signorelli, psicóloga infantil y creadora del blog supermadre.net, cree que es mejor reconocer que la tecnología está presente. “Da la impresión que verlo como algo natural es mejor que satanizarlo, prohibirlo o restringirlo al 100%, porque lo que nosotros queremos es que nuestros hijos aprendan a usar los dispositivos de manera segura y que eso no merme su desarrollo ni les genere problemas en su vida. Ver la tecnología como una herramienta más ayuda a hablar de ella y no mirarla con distancia y anhelo. Esa es la base de la conversación a la hora de crear las normas familiares sobre el uso de la tecnología”.

¿Existe en cada casa una especie de “mandamientos” sobre la conducta que tenemos con nuestros teléfonos? Los expertos consultados dicen que sí: en algunos casos, se ha formalizado un acuerdo y, en otros, son reglas aceptadas por todos.

María Soledad Garcés, profesora especializada en Convivencia Digital y asesora de Contenidos de VTR, explica: “Es importante que los niños aprendan a darles un buen uso a las tecnologías, ya que existen innumerables beneficios que pueden ser aprovechados, siempre y cuando sean adecuados para la edad y etapa de desarrollo de cada uno. Recomiendo conversar con ellos para saber de qué manera comprenden todo lo que ven y escuchan en la web, asegurándonos de que sean contenidos valiosos, que les dejen algún tipo de enseñanza. Es muy importante realizar preguntas sobre lo que están viendo en internet o a través de videojuegos, pues les ayudará a equilibrar sus emociones y experiencias personales. También resulta relevante respetar la edad mínima para usar redes sociales (13 años) y acompañarlos en la creación de sus perfiles, conversando con ellos sobre los contenidos que consumen y cargan en sus páginas personales”.

Para crear esas normas familiares, la base es la conversación. Andrés Muñoz, consultor sénior en Ciberseguridad de ITQ Latam, plantea que “la mejor manera es entender qué aporta la tecnología a la familia y poner límites claros de cuál es el uso que tendrá en nuestros hijos diariamente, ya que lo que no puede suceder es que la tecnología se tome y controle los momentos que deberían ser para fortalecer la familia y sus lazos”. Si bien hay informativos al respecto, estos no son suficientes, asegura Muñoz. “La mejor campaña y la más efectiva es la que viene de la casa, por eso es muy importante que los padres se eduquen, sepan cómo enseñarles a sus hijos el uso responsable y sepan poner los controles correspondientes para limitar este uso, porque lo importante es buscar un equilibrio. Por estar siempre conectados, no podemos perder los momentos en familia, donde nos miramos a las caras y conversamos sobre nuestro día a día o cómo nos sentimos. Cuando se pierde ese control, las familias como tal dejan de existir, se deja de compartir”, advierte.

Huérfanos digitales: prohibir no es educar

Tras 12 años recorriendo Chile para dar charlas sobre este tema, Marcela Momberg, consultora en educación 2.0, ha llegado a la conclusión de que estamos criando huérfanos digitales. “Mi lema es y será ‘Prohibir no es educar’, pero eso no significa no regular. Al tener a menores de edad conectados durante el almuerzo o la cena, cuando salen junto a sus padres, eso les impide manejar su frustración y aburrirse —tan necesario a la hora de crear—, los hace dependientes de un aparato que los motiva y los mantiene ‘callados’. Esos niños hiperconectados desde los primeros años sufren en el ingreso al colegio, les cuesta relacionarse con sus pares, suelen aislarse y esconderse en las pantallas. Con bajo manejo de sus emociones y mínimo trabajo en equipo. La tecnología no es ‘el enemigo’, sino es la soledad en la que se encuentran nuestros niños, verdaderos huérfanos digitales que invaden los espacios virtuales sin acompañamiento ni formación”.

Por eso es importante aprender del tema. Verónica Díaz de la Vega, subgerenta de Comunicaciones y Sostenibilidad de VTR, señala: “En el sitio vtrconvivedigital.com los padres y profesores podrán encontrar diversos contenidos que los orientarán para que puedan enseñarles a los niños y adolescentes de qué manera obtener los mayores beneficios de las tecnologías en un entorno familiar”.

María Soledad Garcés recuerda lo importante que es dar una visión propositiva de la tecnología a nuestros hijos, incluso en los colegios. “El camino debería ser desarrollar competencias digitales, de manera que los mensajes, contenidos y actividades que los escolares puedan desarrollar en el aula estén dirigidos por docentes capacitados, que cuenten con los medios necesarios para hacer que esta experiencia sea provechosa. Si en este camino los estudiantes son guiados por adultos que conocen la manera en que la tecnología puede aportar en la educación, entonces la conectividad en las salas de clase, jugará un rol positivo y enriquecedor”.

Fuente: Seguridad Digital, El Mercurio.

El abuso de redes sociales aumenta los casos de depresión entre jóvenes

Tanto en estas redes como en la televisión se tiende a mostrar una imagen distorsionada de la realidad que afecta a la autoestima.

La inmensa mayoría de los jóvenes considera las redes sociales como Facebook o Instagram una necesidad. Son las aplicaciones a las que dedican la mayor parte del tiempo que pasan conectados a los largo del día y una herramienta sin la cual resulta difícil mantener el contacto con amigos y familiares.

Pero estas redes parecen ser también las responsables del aumento de los casos de depresión en ese mismo segmento de la población. Un reciente estudio llevado a cabo por el hospital universitario Sainte-Justine de Montreal, en Canadá, ha revelado una conexión entre el tiempo que los jóvenes y adolescentes pasan en la redes sociales o viendo la televisión y el aumento de estos síntomas de depresión.

El estudio, publicado esta semana en la revista JAMA Pediatrics, parece apuntar que los jóvenes que pasan más tiempo que la media viendo televisión o interactuando en redes sociales muestran también una incidencia mayor de la media de síntomas de depresión.

Esta relación no se aprecia en otras actividades que se realizan a través de los mismos medios, como los videojuegos o el uso del ordenador para otras funciones. Es decir, que pasar más tiempo que la media jugando en el móvil, la consola o el ordenador no parece variar la incidencia de depresión como sí lo hacen las redes sociales. Lo síntomas tampoco están ligados a una menor actividad física, según el estudio.

La clave, apuntan los autores, parece estar en la forma en la que se percibe a otros participantes en estas redes y explica por qué el consumo de la televisión también crea la misma tendencia. Tanto en estas redes como en la televisión se tiende a mostrar una imagen distorsionada de la realidad que realza únicamente los buenos momentos o celebra estilos de vida lujosos que están fuera del alcance de la mayoría de los jóvenes.

La exposición constante a estos estereotipos afecta negativamente a la autoestima de los usuarios. “Las redes sociales y la televisión son medios que exponen con frecuencia a los adolescentes a imágenes de otros en situaciones más prósperas, como otros adolescentes con cuerpos perfectos y un estilo de vida más emocionante o con más medios materiales”, apunta Elroy Boers, autor del estudio.

La forma en la que funcionan los algoritmos que sugieren contenidos retroalimenta esta situación. Cuanto más influye el estado depresivo de una persona la elección de lo que ve en ellas, más contenido similar se sugiere y proporciona, y más probable será que esté continuamente expuesto a dicho contenido, manteniendo y aumentando los síntomas de la depresión.

El estudio se ha realizado sobre una muestra de 4.000 adolescentes canadienses de entre 12 y 16 años y podría ayudar a desarrollar técnicas que ayuden a prever casos de depresión antes de que se conviertan en casos severos. “Nuestra investigación ha revelado que el uso excesivo de ciertos medios digitales en un año puede asociarse a síntomas depresivos en ese mismo año, lo que puede dar a padres y educadores una ventana de tiempo suficiente para actuar”, explica Boers.

Fuente: El Mundo, España

Pantallas y niños: Cómo regular sin reprimir

Prohibir el uso de pantallas puede ser posible en niños menores que posiblemente encuentren mejores estímulos de desarrollo en juegos y actividades físicas. Pero vivimos en un mundo altamente digitalizado, y debemos aprender a desarrollar habilidades para aprovechar las ventajas y evitar los riesgos de las tecnologías.

Soledad Garcés, directora y fundadora de nuestra institución, hace un llamado a los padres y docentes: “Educar, mediar, acompañar, supervisar son los verbos que debemos aprender a conjugar y vivir desde la familia, modelando sus conductas digitales, conversando, cuestionando las malas prácticas, mostrando buenos ejemplos. Sólo así podremos sacar lo mejor de cada hijo y hacer que su experiencia digital sea positiva. A eso estamos invitados; padres y profesores”. 

Pantallas y niños: Cómo regular sin reprimir

A continuación, les compartimos un artículo escrito por Patricio Corona sobre cómo se puede regular y restringir el uso excesivo de las pantallas, sin que los jóvenes se conviertan en unos analfabetos digitales.

Más que evitar la adicción, como propuso un exeditor de Wired —con un plan de horarios controlados por una app, contenidos bloqueados y nada de iPads—, los expertos recomiendan propiciar un consumo razonable entre los menores. Acá sus consejos.

Algunos días atrás, en un momento en el que debía estar trabajando, me puse a hacer scroll en Facebook. A estas alturas —de mi vida y la vida de Facebook— lo hago por pura inercia, un acto reflejo sin ninguna esperanza de encontrar algo que valga la pena. Pero entre las fake news de mis compañeros de colegio y los posteos de mi tía anarquista contra los carabineros (los pakos qlos, como los llama ella), apareció un artículo del especial aniversario de La Tercera que captó mi atención. Siempre en búsqueda de una distracción que me permita postergar lo que tengo que hacer, le hice clic.

“Manual para la desconexión: 12 reglas para evitar niños adictos a las pantallas”, se titulaba, y estaba basado en unos “mandamientos” escritos por Chris Anderson, exeditor de la revista Wired, dueño de una empresa de robots y drones, gurú de Internet durante la década pasada —The long tail, su famoso libro, estaba en las oficinas de los socios de todas las agencias digitales que fracasaron— y padre de cinco hijos.

Supuestamente son una docena de normas para que sus niños no se transformaran en unos yonquis de los gadgets —como seguramente lo es él mismo—, pero al leerlas, y sin demasiada atención siquiera, noté que no eran normas ni reglas ni máximas, sino que una serie de restricciones y condiciones, casi todas muy represivas, para espantar a sus críos de las pantallas más que para enseñarles a usarlas con criterio.

Horarios controlados por una app, contenidos bloqueados y nada de iPads están entre sus “normas”. “Mis hijos me acusan a mí y a mi esposa de ser fascistas y demasiado preocupados por la tecnología, y dicen que ninguno de sus amigos tienen las mismas reglas”, explica Anderson. Estoy de acuerdo con sus pobres hijos. ¿Papi se hizo millonario escribiendo sobre Internet, conectado todo el día a una maldita pantalla, y ellos, a los once años, apenas pueden mirar YouTube Kids? ¿Y media hora al día?

Yo también soy padre y también sospecho de la tecnología, pero más sospecho de los padres que les restringen el acceso a ella a sus hijos. No se trata de darles rienda suelta y libre acceso a las pantallas: sé muy bien que estos aparatos son droga de alta pureza si se los utiliza indiscriminadamente —he visto cómo, en un segundo, la tierna y redonda cara de mi hijo de 4 años se transforma en la de Gollum cuando le exijo de vuelta el teléfono—, pero sé aún mejor que el mundo se digitalizó, y a menos que aparezca un buen desdigitalizador, ya no se va a desdigitalizar.

“Ese es el primer error de muchos padres: creer que sus hijos no necesitan Internet”, me dice la psicóloga María Victoria Briano, especialista en habilidades parentales del centro Cetep. “Sobre todo para los prepúberes y adolescentes, está en su día a día y forma parte importante de su sociabilización”.

Como siempre en la vida, el desafío está en encontrar el equilibrio. ¿Cómo hacer para que mis hijos conozcan la tecnología, no sean unos analfabetos digitales, pero no caigan en sus adictivas garras?

Briano me explica que todo depende de la edad. Antes de los dos años, por ejemplo, nada de pantallas, al menos no de manera directa. Y que después de esa edad, ojalá no sea más de una hora diaria. “Pasar más de dos horas al día frente a una pantalla puede tener implicaciones graves en el desarrollo cognitivo de los niños”, dice. “La adquisición del lenguaje corre riesgo de retrasarse, sobre todo si esta exposición se hace sin acompañamiento ni mediación”.

La clave, al parecer, es esta última palabra. Mediación. La psicóloga, por lo menos, me la repite muchas veces. Los padres, dice, debemos ser mediadores entre los niños y la tecnología: no funcionar tanto como la policía del Internet sino que como los guías que les marcan el camino.

“Para esto”, recomienda Briano, “primero deben existir normas claras, establecidas previamente, y con consecuencias definidas”. Que no se usen las pantallas en la mesa, mientras se come, es un buen punto de partida para ella. O establecer ciertos horarios, aunque siempre flexibles —nadie se muere por 10 minutos más—, para jugar PlayStation o computador. La idea es que se cumplan con rigurosidad, ya que si un día el niño, en vez de jugar una hora lo hace durante dos, al día siguiente también va a exigir esa holgura. “Esto requiere de consistencia”, advierte la psicóloga, algo que, por alguna razón que profundizaremos en otro artículo, no abunda en las nuevas generaciones de padres.

Lo que sí sobra es intromisión: conozco a muchos papás y mamás que intrusean en los teléfonos de sus hijos, les leen el WhatsApp, revisan sus fotos, rastrean su historial. ¿Es lo que haría todo padre responsable o sería caer, citando a los niños de Anderson, en el fascismo parental?

“Es más efectivo conversar que espiar”, dice María Victoria Briano, que tampoco promueve el uso de apps de vigilancia de los contenidos que consumen los menores. “Si uno vigila demasiado, el niño lo único que aprenderá serán nuevas maneras de mentir y engañar. Está bien trazar límites, pero entre más estrechos estos sean, menos espacios tendrá el niño para responder ante los problemas online que le surjan después”.

“Hay que generar niños críticos de lo digital, que sepan distinguir lo bueno de lo malo”, resume la psicóloga Briano. “Para eso, así como no hay que dejarlos a la deriva de las pantallas, tampoco hay que cortarles su acceso. Muéstrale que no todo en Internet es verdad, preséntale a los trolls, cuéntale de tus experiencias buenas y malas en Internet. Y de nuevo: más que vigilarlo, pregúntale por lo que está jugando y consumiendo. Así podrás anticipar mejor si está teniendo un problema”.

Cuando tenía 10, a mi hijo de 11 le dijimos que a los 12 podría tener celular. Pero entremedio todos sus compañeros tenían y veíamos cómo él quedaba excluido de muchas actividades y conversaciones. Cedimos, y desde este año tiene un móvil. Si bien intenta usarlo hasta en la ducha, le hemos puesto algunos límites —se apaga una hora antes de dormir y no se lleva a los paseos, por ejemplo— y hoy se ve más integrado, incluso más activo: lo comenzó a coquetear una niña por WhatsApp y por primera vez hizo ejercicio en la plaza.

“Al final, lo más importante es formar ciudadanos digitales responsables”, concluye Briano. “Hoy, además, su identidad en buena parte se construye en Internet, y reprimir esa posibilidad sería atentar contra su desarrollo”.

Autor: Patricio Corona, La Tercera.

Soledad Garcés orientó a padres sobre la educación digital de sus hijos en la Región de Aysén

Soledad Garcés, directora de Fundación para la Convivencia Digital, visitó la Región de Aysén para dar una charla a padres y apoderados sobre los fundamentos esenciales para la toma de decisiones en relación a la educación digital de los niños. La actividad contó con la asistencia del Seremi de Educación de esa región, Sergio Becerra.

La iniciativa fue parte del plan que lleva a cabo el Ministerio de Educación junto a VTR “Convive Digital”, llamado “Formando Ciudadanos Digitales”. Esta iniciativa posee cinco ejes temáticos: Uso crítico y responsable de la tecnología; Seguridad y protección de la privacidad; Participación ciudadana; Convivencia y conducta digital; oportunidades pedagógicas.

Los asistentes interesados en educar a sus hijos sobre los riesgos que existen en el mundo digital, principalmente en videojuegos y redes sociales, preguntaron acerca del impacto que tienen las tecnologías en niños. Hubo otras consultas sobre cómo se puede mediar el uso del teléfono celular y de qué manera afectan las pantallas al cerebro de los más pequeños.

El plan que ha recorrido gran parte del país, pretende informar a los apoderados sobre los alcances de la exposición de sus hijos a las pantallas desde la evidencia científica. Además, entrega orientaciones prácticas para prevenir y educar en la seguridad y responsabilidad que debe existir a la hora de usar un dispositivo tecnológico.

 

 

Violencia adolescente en tiempos de crisis ¿Nace o se aprende?

Reprobamos en convivencia.

La epidemia del  s. XXI pareciera ser la violencia en todas sus expresiones. La agresividad es la frustración acompañada con ira o rabia que surge cuando somos amenazados, activando en el cerebro la predisposición al estado de alerta.

Los seres humanos contamos con la agresividad como un mecanismo de defensa, lo que no implica que necesariamente seamos violentos.

Las conductas violentas surgen como una forma intencional de resolver conflictos de manera agresiva y son aprendidas o validadas de acuerdo los contextos en que vivimos. ¿Se aprende a ser violento? Así es. También se aprende a resolver los conflictos de manera pacífica, desde la familia y en la comunidad escolar, principalmente a través del ejemplo y mensajes no verbales.

¿Qué pasó entonces?

Como sociedad, hicimos de la convivencia escolar un patio trasero donde se acumularon los malos tratos, el dolor de sentirse excluido, el desapego y la falta de empatía. Nos faltó entender que la educación emocional es la asignatura que falta. Un ramo que se cursa de por vida. Podemos reprobarla, pese a tener buenas declaraciones de intención. No basta con un tuit o un comentario en redes sociales. Esta asignatura se aprueba con muestras de empatía. Hoy pareciera que estamos reprobados.

 

 

Google lo hizo otra vez

El gigante Google irrumpirá en noviembre con su plataforma de videojuegos Stadia y un modelo de suscripción tipo “Netflix”.

Solo necesitarás conexión a internet para vivir la experiencia de juego más desorbitante por UD 9,99 mensuales. No necesita descargas, ni cables especiales y estará totalmente integrada a YouTube. ¡Ohhh!

Para Stadia los requerimientos son pocos: hay que tener tiempo, amigos y una buena conexión a internet. En el celular se jugará a través de la aplicación Google PIXEL, y en computadoras y televisiones basta con el control de PlayStation o Nintendo.

Este potente “coctel” de entretenimiento digital, seguro dará que hablar y será un nuevo desafío para las familias; especialmente, para padres y madres que día a día promueven el equilibrio digital en la vida de sus hijos.

Regla Nº 1: No a las posturas extremas. El problema no es el videojuego ni el internet, sino la manera en que los usamos, mejor dicho, abusamos. Te invitamos a conversar en familia, sobre la importancia de regular el uso de los videojuegos con el objetivo de permitir el sano desarrollo socioemocional de nuestros hijos.

Compartimos 10 recomendaciones que te ayudarán a guiar este diálogo, poniendo énfasis en tu ejemplo y liderazgo como adulto:

1.Evita todos los videojuegos que promuevan violencia, sexo explícito o conductas inadecuadas que pueden impactar en la conducta de tus hijos.

2. Consulta los tipos de contenidos y edad mínima para su uso en www.pegi.info o www.esrb.com.

3. Establece horarios de juego que no interfieran otras actividades más importantes. (actividades familiares, académicas, horarios para comer y dormir)

4. Juega con ellos o al menos, acompáñalos cuando juegan. Te aseguro que te vas a entretener.

5. Privilegia el juego con amigos; es más divertido.

6. Anticipa el momento de “corte” o término del juego.

7. Asegúrate que tus hijos(as) no jueguen con desconocidos.

8. Procura tener ventilación, luz y pantallas de buen tamaño para el uso de videojuegos.

9. Conoce a los Youtubers Gamers que siguen tus hijo(as) en las redes sociales.

10. Compensa el tiempo de juego con actividad física, u otros hobbies offline.

Soledad Garcés y VTR concientizaron sobre el buen uso de las tecnologías a apoderados en Ovalle

Soledad Garcés, directora de Fundación para la Convivencia Digital, estuvo en Ovalle junto al Seremi regional de Educación, Claudio Oyarzún; el jefe provincial, Jorge Manzano y el representante de VTR, Marcos Larson, para dar una charla a los padres y apoderados sobre la importancia del uso seguro que le dan sus hijos al internet y redes sociales.

El programa #ApoderadosEmpoderados de VTR y del Ministerio de Educación guía a los padres a que puedan orientar a los niños y jóvenes a que obtengan el máximo provecho y beneficios de las tecnologías en un entorno familiar. En vtrconvivedigital.com los padres podrán acceder a material, consejos y videos en forma gratuita, que les ayudará a educar y conversar con sus hijos temas tan importantes como el ciberbullying, sexting, videojuegos y más.

A los estudiantes se les entregarán consejos prácticos que les permitirá tener una conectividad positiva, creativa y por sobre todo segura. El objetivo es prevenir hechos de ciberbullying y maltrato digital dentro y fuera de los establecimientos educativos.

¿Qué hacer cuando papá y mamá no se ponen de acuerdo sobre el uso de tecnologías en sus hijos?

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Es importante que los padres estén alineados en la supervisión y regulación adecuada del uso de tecnologías en los niños y jóvenes. Nuestra recomendación es que después de los 13 años, comiencen a hacer uso de los aparatos tecnológicos como herramientas útiles para el aprendizaje y el desarrollo de habilidades digitales.

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Fortnite: ¿Cuáles son los riesgos en los que se pueden ver enfrentados los niños?

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Soledad Garcés, directora de Fundación Convivencia Digital, responde a la pregunta que se están haciendo los papás sobre este popular videojuego. ¿Qué peligros pueden tener los niños cuando pasan mucho tiempo jugando?

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